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Quiero que me oigas sin juzgarme
Quiero que opines sin aconsejarme
Quiero que confíes en mí sin exigirme
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí
Quiero que me cuides sin anularme
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí
Quiero que me abraces sin asfixiarme
Quiero que me animes sin empujarme
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí
Quiero que me protejas sin mentiras
Quiero que te acerques sin invadirme
Quiero que conozcas lasa cosas mías que más te disgustan
Las aceptes y no pretendas cambiarlas
Quiero que sepas… que hoy puedes contar conmigo...
sin condiciones.
Jorge Bucay
Tengo miedo de verteMario Benedetti
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

¿Qué tiene tu veneno que me quita la vida sólo con un beso
y me lleva a la luna y me ofrece la droga que todo lo cura?
Dependencia bendita; invisible cadena que me ata a la vida,
y en momentos oscuros palmadita en la espalda y ya estoy más seguro.
Se me ponen si me besas rojitas las orejas.
Pon carita de pena que ya sabes que haré todo lo que tú quieras.
Ojos de luna llena: tu mirada es de fuego y mi cuerpo de cera.
tú eres mi verso, pluma, papel y sentimiento;
la noche yo, y tú la luna; tú la cerveza y yo la espuma.
Se me ponen si me besas rojitas las orejas.
Tengo ronca el alma de quererte
en esta soledad llena que me ahoga;
tengo los ojos llenos de luz de imaginarte
y tengo los ojos ciegos de no verte;
tengo mi cuerpo abandonado al abandono
y tengo mi cuerpo tiritando de no poder tocarte;
tengo la voz tosca de hablar con tanta gente
y tengo la voz preciosa de cantarte;
tengo las manos agrietadas de la escarcha
y tengo las manos suaves de en el cielo acariciarte;
tengo soledad, luz, alegría, tristeza,
rebeldías, amor, sonrisas y lágrimas...
Y también te tengo a ti, preciosa,
caminando por las venas con mi sangre.
Extrechinato y tu
Hay personas que liberan a otras, y otras que son liberadas. Ambas son agradecidas por vivir su mejor sueño por unos instantes, aunque sepan que puede que dentro de unos momentos toda esa chispa interior que brillaba para ser hoguera, ya no es más que un simple hilo de humo, como el que saldría si a esa futura poderosa llama le hubiesen caido esos grandes gotarrones que caen cuando se avecina una tormenta de verano, que se lleva todo por delante y hace olvidar. Olvidar todo lo que sucede, mejor dicho, todo lo que ha sucedido. Y aunque se juren y perjuren que siempre estarán en sus débiles corazones, eso es mentira. Mentiras piadosas que nos hacemos nosotros mismos, a nuestra pobre alma que sólo sabe ir tapando agujeritos de penurias para que aquí fuera no nos demos cuenta de lo que realmente ella sufre.
Sufre, siempre sufre. Sufre por si te vas y dejas un vació tan grande a su lado que nadie lo podrá satisfacer o por si te quedas y llenas demasiado tu ser. Miedo a no saber encontrar el equilibrio.
Y con estas dudas de pobre alma enamorada va pasando y disfrutando cada dia más al conocerte mejor y ver que aun quedan muchas cosas por hacer juntos. Tantas como todas las personas de la humanidad que han contemplado el cielo, pensativos sin pensar nada.
Sólo sienten. Sienten esas emociones que les estan transmitiendo entre oleada y oleada de aire. Aire fresco de la noche, con olor a mojado. Ese aire que aspiras a pleno pulmón y te hace sentir vivo, libre, como la naturaleza que lo transporta. Y de repente oyes el riachuelo.
Lo que hace unos momentos no te habias dado cuenta de que existía y de esas pequeñas criaturas que te acompañan en tu velada y te ofrecen una hermosa serenata a cambio de tu compañia. Cierras los ojos pero la imagen del cielo sigue presente en tu mente. Abres las palmas de las manos y tocas. Tocas a tu alrededor ¿Qué hay? Sensaciones. Sensaciones que esperan ser encontradas por alguien para reconocerle la piel y hacerlo estremecer de placer. Ese placer de sentirte vivo aunque tu alma esté moribunda, cerca de la deriva... Así, como quien no quiere la cosa, tu alma vuelve a renacer de entre las cenizas, como el Ave Fenix que leiste algun dia de un libro olvidado.
Dentro de ti notas sensaciones, buenas, malas, mediocres, que están todas juntitas y te pinchan por un lado y te dan besos por otro. Eso te creo una gran confusión. Confusión porque no sabes que quieres, o solo lo sabes durante los próximos cinco minutos, después, te cambia sin que lo quieras tu propia visión del mundo. Y en esto se basan estos días inciertos donde la verdad es solo una palabra que sale en el diccionario.
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