LIBERTAD. J.J. Millás.
"Los gobiernos de izquierdas comenten errores gravísimos de comunicación. A veces, transmiten las noticias buenas de tal modo que parecen malas. Resulta increíble que perpetren fallos tan elementales con los medios de que disponen. Es evidente que la legalización de los matrimonios entre homosexuales otorga a unas minorías tradicionalmente perseguidas los mismos derechos civiles que al resto de la población. Todos deberíamos alegrarnos de ello, pues beneficiará a la convivencia. Pero se ha explicado tan mal que los obispos han interpretado que estos matrimonios serán obligatorios y que quizá ellos, una vez que la ley entre en vigor, estarán obligados a casarse con sus párrocos. Cuando se legalizaron los anticonceptivos, también se les hizo creer erróneamente que tendrían que consumirlos a la fuerza, de ahí su oposición.
¿Es tan difícil explicar que nadie será obligado a contraer matrimonio si no quiere? Los obispos podrán continuar siendo solteros, aunque, si por una de esas cosas de la vida, un día decidieran pasar por el juzgado, se les atendería. Es decir, que uno podrá hacer lo que quiera sin molestar al vecino y sin que otros se vean obligados a seguir su ejemplo. Si a simple vista es así de fantástico, ¿por qué estos señores se han enfadado tanto? Pues porque se les ha expuestos el asunto de manera farragosa. Para entendernos: la diferencia respecto a la época en la que gobernaban ustedes, monseñores, es que entonces era obligatorio casarse por la Iglesia (...).
(...) Cuando se legalizó el divorcio (...) los obispos pusieron el grito en el cielo una vez más no porque estuvieran en contra de la libertad, que han defendido siempre con uñas y báculos, sino porque interpretaron que sería obligatorio. Se les explicó fatal. Con el tiempo, han comprendido que se trata de un acto voluntario y lo aceptaron con la naturalidad con la que lo han aceptado en el caso de Letizia Ortiz. Señores ministros, hagan el favor de expresarse con claridad."
Juan José Millás
El País 1-10-2004
1 comentario
lola -
NARANJA
Puedes hacerla zumo, beberla
-entonces tendrás las sobras, la piel, todo
lo que era luz antes de poseerla.
No la toques. Déjala sobre la mesa
como un símolo más al final de la tarde-
eres como una niña de tres años
que se ha pintado los labios
pero guarda la otra vida
en el bolsillo del mandilón.
MARTÍN LÓPEZ-VEGA
una abraçada xiqueta