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The secret life of a love song...

Fragment d'un article d'Eduardo Galeano

Eduardo Galeano
Koeyú Latinoamericano


¿Somos tan conmovedores? El presidente Bush se ha conmovido con el drama del Uruguay, aunque no hay ningún indicio de que él pueda ubicar a nuestro país en el mapa. ¿Será que le tocó el corazón la abnegación de nuestro presidente, ese buen hombre siempre listo para servir en la primera línea de fuego contra Cuba, Argentina, o lo que gusten mandar? Quién sabe. El hecho es que Bush dijo: "Hay que echar una mano". Y a continuación dijeron exactamente lo mismo los organismos internacionales de crédito, que cumplen la noble función del papagayo en el hombro del pirata.

Entonces se reunieron, a contra reloj, nuestros legisladores. Y por mayoría, una mayoría sorda a cualquier discusión, votaron en un santiamén la ley que dispara el tiro de gracia a la banca pública. La ley estaba bien fundamentada: o aprueban esto o la plata no llega.

Y se torcieron los pescuezos buscando al avión que venía del cielo. Los dólares no viajaron en avión, pero llegaron: "mil quinientos millones de dolores", dijo el embajador de los Estados Unidos, que no habla una palabra de español. El error confesó la verdad.

1 comentario

lola -

ola nena...quants dies...sense escriure (aquest cop ho dic per mi ;))
i per seguir amb la costum, que avegades es sabia...comparteixo amb tu un altre relat del autor Galeano


HISTORIA DEL TIEMPO QUE FUE

Allá en el tiempo que se ha perdido en el tiempo, cuenta la abuela, el venado era más veloz que las flechas que lo buscaban.
Por toda la tierra paseaba la serpiente, cascabeleando fiestas de la cabeza a la cola, y sus cascabeles sonaban hoy y se escuchaban ayer y mañana.
Y el pavo era señor del reino de las alturas, y su grito llegaba a los últimos rincones.
Cuando el tiempo de la desventura llegó a Yuca´tán, el venado ya no pudo correr como viento y fue lastimado y lloró. Sus ojos de agua, que dieron de beber a los demás lastimados, quedaron por siempre húmedos y grandes.
La serpiente perdió los cascabeles de la alegría. Desde entonces sólo suenan, en su cuerpo desnudo, los cascabeles del miedo.
Y el pavo cayó a los montes bajos, donde nadie lo escucha, y nunca más pudo remontar vuelo desde la tierra donde sufren exilio los deterrados del cielo...