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The secret life of a love song...

Dijous 01.04.04 / 2.30h de la matinada.

Hay personas que liberan a otras, y otras que son liberadas. Ambas son agradecidas por vivir su mejor sueño por unos instantes, aunque sepan que puede que dentro de unos momentos toda esa chispa interior que brillaba para ser hoguera, ya no es más que un simple hilo de humo, como el que saldría si a esa futura poderosa llama le hubiesen caido esos grandes gotarrones que caen cuando se avecina una tormenta de verano, que se lleva todo por delante y hace olvidar. Olvidar todo lo que sucede, mejor dicho, todo lo que ha sucedido. Y aunque se juren y perjuren que siempre estarán en sus débiles corazones, eso es mentira. Mentiras piadosas que nos hacemos nosotros mismos, a nuestra pobre alma que sólo sabe ir tapando agujeritos de penurias para que aquí fuera no nos demos cuenta de lo que realmente ella sufre.

Sufre, siempre sufre. Sufre por si te vas y dejas un vació tan grande a su lado que nadie lo podrá satisfacer o por si te quedas y llenas demasiado tu ser. Miedo a no saber encontrar el equilibrio.

Y con estas dudas de pobre alma enamorada va pasando y disfrutando cada dia más al conocerte mejor y ver que aun quedan muchas cosas por hacer juntos. Tantas como todas las personas de la humanidad que han contemplado el cielo, pensativos sin pensar nada.

Sólo sienten. Sienten esas emociones que les estan transmitiendo entre oleada y oleada de aire. Aire fresco de la noche, con olor a mojado. Ese aire que aspiras a pleno pulmón y te hace sentir vivo, libre, como la naturaleza que lo transporta. Y de repente oyes el riachuelo.

Lo que hace unos momentos no te habias dado cuenta de que existía y de esas pequeñas criaturas que te acompañan en tu velada y te ofrecen una hermosa serenata a cambio de tu compañia. Cierras los ojos pero la imagen del cielo sigue presente en tu mente. Abres las palmas de las manos y tocas. Tocas a tu alrededor ¿Qué hay? Sensaciones. Sensaciones que esperan ser encontradas por alguien para reconocerle la piel y hacerlo estremecer de placer. Ese placer de sentirte vivo aunque tu alma esté moribunda, cerca de la deriva... Así, como quien no quiere la cosa, tu alma vuelve a renacer de entre las cenizas, como el Ave Fenix que leiste algun dia de un libro olvidado. 

1 comentario

rober -

realmente muy bonito, me apunto tu web. Esta es buena : y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua ( Cortazar ), has leido a borges ?